El verdadero San José

(Colaboración para la revista Satena en su edición de enero de 2020)

Qué tal si nos dijeran que el verdadero tesoro de los colombianos no es el que esconde el naufragio español que yace en el fondo del archipiélago de las Islas del Rosario. Ni que nos alcanzaría para comprarlo con los once millones de monedas de oro con denominación de ocho escudos que llevaba el galeón en sus arcas. Es más, que ni siquiera lo tenemos que compartir con ninguna empresa o nación extranjera. Qué tal si entendiéramos de una buena vez que sólo hace falta desviar nuestras miradas a un litoral de 1.300 km que, como el San José, descansa olvidado por siglos, para entender que la Región del Pacífico es nuestra indiscutible fortuna.

Esta indiferencia histórica, sumada a un difícil acceso geográfico y a la triste desidia de nuestros gobernantes ha dejado prácticamente desconectado al interior del país con una región de invaluables tesoros naturales y culturales que aún hoy permanecen escondidos inclusive para muchos de sus habitantes. Y es que este territorio, que se extiende desde el Golfo de Urabá en el Norte, hasta el valle del río Mira en la frontera con el Ecuador incluye el piedemonte de la cordillera andina, perfumados bosques tropicales, serranías, selvas vírgenes, manglares, incontables ríos hasta llegar a las grises playas del océano más importante del planeta. La Reserva Forestal del Pacifico, como es conocida, comprende ocho millones de hectáreas que salvaguardan a seis Parques Nacionales Naturales y al majestuoso Malpelo.  Un Santuario de Flora y Fauna que, a 500 km de tierra firme y junto con Galápagos e Isla del Coco en Costa Rica forman el ecosistema más importante del planeta para especies como el tiburón ballena y martillo, lo cual convierte a nuestra isla oceánica en uno de los destinos más importantes para buzos y científicos a nivel mundial.

Sin embargo, el potencial turístico de esta región no reside en su biodiversidad o su impoluto estado de conservación. Es sin lugar a dudas el patrimonio cultural que representa el mestizaje único entre las comunidades indígenas y afrodescendientes que allí habitan, la mayor fortuna ancestral que tenemos en nuestro país. Basta con sentir la herencia musical y gastronómica del Pacífico a través de los aromas de las hierbas de zotea, los melosos encocados, los contundentes pusandaos mientras se escuchan los sonidos profundos de los arrullos y alabaos para entender que el verdadero botín de cualquier caza tesoros no está en las profundidades del mar Caribe sino a un par de horas de vuelo de cualquier ciudad de Colombia.

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